Mototaxista sahagunense peleará por un título mundial de boxeo.

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Karluis Díaz peleará por un título mundial de boxeo, en Sudáfrica.

El encuentro se dará en Sudáfrica el 15 de febrero. Perfil.

La primera vez que se calzó unos guantes de boxeo Karluis tenía once años. Su padre, a la sazón director de la Escuela de Boxeo Asociación Unidos, de Sahagún, le pidió que sirviera de ‘sparring’ al niño Francisco Contreras. “Al principio no me sonó la idea, pero después de que lo levanté a trompá [Sic], la cosa me quedó gustando”, afirma Karluis, y alza emocionado las cejas como saboreando el recuerdo.

De aspecto ligero y sonrisa fácil, parece que los puños le estorbaran al caminar. A los nudillos de índice, medio y anular de ambas manos los coronan cicatrices rosadas. Corto y liso el cabello, saltones los ojos, nariz ancha, Karluis nació en Sahagún, Córdoba, el 17 de marzo de 1987. Hijo de Luz Kellys Pérez y Eliecer Díaz, pensionado de la policía. Debido a la separación de sus padres, se crió con sus abuelos paternos, Rafael Díaz y Ena Castro, en los límites entre el barrio San Roque y la urbanización Miramar. Egresado de la primaria del colegio San Roque, su desempeño boxístico lo llevó a graduarse de bachiller en la Institución Educativa Heraclio Mena Padilla, de Apartadó, Antioquia.

“Como a los trece años, mi papá contactó al entrenador Amer García, alias ‘Tres pelos’. Él pensó que yo era un buen prospecto y me invitó a entrenar en Caucasia con miras a participar en el campeonato departamental que se haría allá ?refiere Karluis con una voz entre ronca y delgada?. Allí me vio el entrenador de la selección Antioquia Abelardo Parra, y me convocó por primera vez a una pre-selección Antioquia, en la categoría Junior. Después de quedar entre los primeros, me seleccionaron y me enviaron al Centro de Alto Rendimiento de Apartadó. Vivía en una pequeña Villa Olímpica. Recibía alimentación, educación y practicaba diariamente. Mis entrenadores eran Abelardo Parra y a Juan Carlos Argel.”

Disciplinado y constante, Karluis fue siete veces campeón departamental en Antioquia, en los 40, 42, 44, 46, 48 y 51 kilos. Participó en campeonatos juveniles durante dos años consecutivos y en 2008 pasó a la categoría mayores.

En su quinta salida como profesional, el treinta de mayo de 2009 en el coliseo de la Normal Superior de Sahagún, disputó el Campeonato Nacional contra Alfonso De la Hoz, título que ganó por decisión unánime. Ese mismo año, el diecinueve de diciembre, obtuvo el cinturón mini-mosca bolivariano, avalado por la Asociación Mundial de Boxeo, al noquear en el séptimo de nueve asaltos a Luis Carrillo.

Díaz noqueó también a sus siguientes tres contendores, y solo probó la derrota en Sinaloa, México (su primera riña internacional), ante el mexicano José Alfredo Rodríguez, quien lo venció por nocaut técnico y le provocó una partidura en el pómulo derecho.

Karluis volvió entonces a Sahagún a tratar de sobrevivir de la rigurosidad y el peligro de su trabajo como moto-taxista. Sintió que el atardecer le caía de golpe. Pero su padre le leyó la cartilla, como dicen coloquialmente en el caribe colombiano: “Ya está bueno de esa moto. Esa no es la pelea que te va a cambiar la vida. Vamos a entrenar, que el mundo no se ha acabado”.

Peleó nueve veces entre diciembre de 2010 y marzo de 2012, con un saldo de dos en contra y siete a favor. Jorge ‘El Nene’ Quintero recuerda al Karluis de la época: “Un muchacho flaco, buena gente. Cero vicios, entrador, alegre, sencillo. Se reía más que caja de dientes en vitrina. Yo tenía una cantina y siempre andaba con buen billete y decidimos patrocinarlo con vestuario, pasajes, medicinas y cosas así.”

Otra fuente, que prefirió el anonimato, afirma que: “El agente Eliecer Díaz trabajaba como escolta de Musa Besaile Fayad, pero nunca recibió apoyo del congresista. Es que a esa gente solo le importa lo de ellos. Nunca se han interesado por nada que tenga que ver con Sahagún. Para ellos los sahagunense somos votos y nada más. Claro, el día que Karluis se corone campeón, de una lo buscan para salir en la foto con él.”

Además del ‘Nene’ Quintero, otros que bien merecen estar en una foto de semejante naturaleza son Álvaro Bohórquez, el licenciado Álvaro Anaya y ‘El Primo’, dueño de una cerrajería, quienes han asistido y estimulado al púgil sabanero cuando lo ha requerido.

Antes de que Karluis viajara a Perú a disputar su primer título mundial, el mini-mosca de la Asociación Mundial de Boxeo, él y su padre enfrentaron los guantazos de la precariedad.

“Nos tocó vender un bono. No le pusimos precio porque decidimos que cada persona que lo comprara colaborara con lo que tuviera a su alcance ?y mientras habla, un amargo sedimento parece revelarse en el tono sereno de Eliécer?. Con lo poco que recogíamos, nos alcanzó para traernos los ‘sparring’ de Barranquilla. Cuando llegamos a Perú no teníamos distintivos. Escasamente una camiseta blanca con un cuellito amarillo, azul y rojo; con el nombre de él, que hasta mal escrito quedó ?le pusieron Carl Luis?, estampado en el pecho. Cuanto nos hubiera gustado que por esas tierras se escuchara el himno de Sahagún.”

Con tantos escollos, no fue extraño que el brazo que el referee Enrique Portocarrero levantó la noche del sábado 18 de agosto de 2012, en el coliseo Miguel Grau del Callao, fuera el del peruano Alberto ‘Chiquito’ Rosell.

Cuenta Karluis que en esa ocasión apenas ganó 7.000 dólares, de los cuales el 30% fueron para su apoderado de entonces. “Eso no es como la gente piensa, parce. En las categorías pequeñas no hay mucho billete” ?afirma irónico el púgil sahagunense que más lejos ha llegado en el deporte de las narices chatas.

El torso desnudo, el gesto bravo y los guantes rojos en un pasacalle que promocionaba en Lima la pelea de Karluis, comenzaban diluirse en su memoria. Pasaron siete meses para que él volviera a subir a un cuadrilátero a disputar una pelea profesional.

El nueve de marzo de 2013, en el coliseo Mario de León, de Cereté, no solo ganó por decisión unánime, sino que Dios se le apareció, o mejor dicho, como dice Francisco “El Negro” Padilla, alcalde de Cereté y su apoderado desde esa fecha: “Dios me puso a mí en su camino para que Karluis pudiera pelear tranquilo. Mi sueño desde pela’o era ser boxeador, pero ya que yo no pude, pues me da orgullo que alguien a quien apoyo lo logre.”

Bajo el auspicio de Padilla, el once de mayo de 2013, en una velada dramática, de nuevo en Cereté, Karluis disputó ante el también cordobés Gabriel Mendoza el título Mínimo Latinoamericano de la Asociación Mundial de Boxeo. Al final ganó por decisión dividida, con guarismos de: 108-101, 104.5-105.5 y 106-105.5.

Padilla, quien dicho sea de paso ha logrado resocializar a miles de drogadictos y delincuentes en su pueblo, paga un sueldo a Karluis y también cubre su transporte, vestuario, implementos deportivos y gastos varios. Asimismo, aunque no con la vehemencia y el compromiso del mandatario cereteano, el alcalde de Sahagún, Carlos Elías, le ha dado apoyo económico al boxeador.

“Sisas. Él me tira una liga a principios de cada mes”, afirma Karluis, quien hoy por hoy es décimo en el ranking del peso mínimo de la Organización Internacional de Boxeo, y sexto, en el de la Asociación Mundial de Boxeo. Eso, a pesar de jamás haber hecho parte de ningún programa deportivo auspiciado por su municipio de origen, ya que en materia de boxeo, tal iniciativa jamás ha existido. Y es que como dice El negro Padilla, haciendo gala de su sabiduría popular: “A todo el mundo le gusta el jugo de corocito, pero nadie quiere prepararlo.”

El sábado quince de febrero del presente año Karluis combatirá en Johannesburgo contra el sudafricano Hekkie ‘El Verdugo’ Budler. Su reto es conquistar dos títulos mundiales en categoría Paja: el de la Organización Internacional de Boxeo y el de la Asociación Mundial de Boxeo, de los cuales Budler es campeón titular e interino, respectivamente. La categoría Paja, a la que también denominan Mínima o Mini-Mosca, es la de menor peso: 108 libras o 47.627 kilos.

De acuerdo con la información publicada en la página BoxRec, Budler cuenta con veinticuatro victorias y una derrota, mientras Díaz cuenta con veintiuna y cuatro. No obstante, el púgil colombiano dobla en nocauts favorables a su adversario: catorce contra siete.

“Karluis es un boxeador inteligente sobre el ring, de un buen tamaño para la categoría, con pegada aceptable sin ser calificado como un pegador, sin embargo, es capaz de noquear con un solo golpe. Pensamos que fue sacado a pelear al exterior antes de tiempo. En este momento ya es un boxeador maduro, con fuerza mental y eso es un factor importante para las posibilidades de ganar en Sudafrica”, afirma Alberto Agámez, su actual manejador.

Karluis se prepara en Barranquilla con la cuerda de boxeo profesional Cuadrilátero, bajo la orientación de Orlando Pineda. Corre de cuatro a seis de la mañana, y de las once hasta la una y media entrena la parte técnico-táctica.

“Quedo tan molido que me duele hasta la lengua. Eso sí, yo trato de coger la vida sabroso, con optimismo, porque a boxear no se puede ir amargado. Las tardes las aprovecho para descansar y hablar con los viejos, y con Silvia Arrieta, mi esposa. Al principio mi mamá no quería que yo boxeara, pero ella ya entendió que de los puños es de lo yo voy a vivir.”

Lejos de pretensiones o fanfarronerías, como si él no fuera el personaje central del relato, Karluis agradece la entrevista, cuando es al cronista a quien corresponde expresarle su agradecimiento.

Antes de despedirse insiste en que una vez publicado, le pasen el enlace del artículo. “Sisas ?insiste risueño?. Es para mostrárselo a mi hijito Santiago, parce. Quiero que se sienta orgulloso de su papá.” Lo cierto es que a estas alturas, y cualquiera sea el resultado en Johannesburgo, el niño ya tiene suficientes motivos para estarlo.

JULIO CÉSAR PÉREZ MÉNDEZ

Especial para EL TIEMPO.COM

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