Cuento: Otra versión Cucarachita Martínez.

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Autora: Andrea Calle Hernández. Grado 7º Taller de expresión escrita “En El Aula”, Normal Superior Làcides Iriarte de Sahagún.

A mi abuela, la soñadora de mundos.

Ayer vi algo muy extraño al frente de mi casa. Una señora estaba barriendo  la calle y entonando una  canción. De vez en cuando le  pegaba un soplo al tabaco que mantenía encendido en la boca.

De pronto  saltó de la alegría y exclamó. ¡Oh  me encontré 100 pesos, que dicha!.

De inmediato  los guardó en el bolsillo de su descolorido traje de popelina, al tiempo que pensaba en voz alta.

Para un vestido no me alcanza, para unos zapatos tampoco, un par de aretes menos.

Como no le alcanzaban para nada, decidió ir a la tienda  de la esquina y comprar cien pesos de almidón.

De regreso en casa  se empelotó y se rocío el polvo en el cuerpo. Se almidonó tanto  que solo se le veían los ojos azules como el firmamento, sus labios semejaban  los pétalos de una rosa y su cuerpo  era tan blanco que semejaba  el primer invierno de nieve en su pueblo natal.

Así  en pelotas y toda almidonada  se sentó en la puerta  de su casa a pescar un enamorado, ya que a pesar  de todo su corazoncito aún  esperaba un amor.

Era mi tía Carmen Martínez, a quien ya casi pitaba el tren, no  había conseguido un enamorado, por ello tomó la decisión de levantarse uno a como diera  lugar. Estaba  entretenida en mantener su postura, que no se daba cuenta que la gente la observaba  desde las casas vecinas y que una romería de curiosos   la acechaba  desde la esquina.

Los más osados en llegar a ver que le pasaba a la señora Martínez, fueron Pedro el caballo,  Oscar conocido como cerdo flojo y Daniel a quien por lo pequeño lo apodaban en  el San Roque, el Ratón.

El primero en llegar fue Pedro, quien le preguntó ¿ajá Martínez  que estás haciendo ahí  empolvada?  Ella le respondió nada estoy buscando marío.

-Anda haberlo dicho antes  ese soy yo.

¿Qué ofreces tú caballo?

-Nada  trabajo pá mí y trabajo pá ti  criando los pelaos.

No vete sigue tu camino.

El segundo en llegar  fue óscar quien como siempre de lanzado le  dijo. – erda  el que andas buscando macho, ese soy yo… no busque más y vente con migo que te tengo una hamaca nueva y unas ganas  desde hace rato.

A que te dedicas le preguntó Martínez.

Yo  a nada a vagar  buscando  lo que esté a mi alcance, como tú  belleza  de mi corazón.

No vete de mi vista un flojo es lo que tú eres.

El tercero en   atreverse a llegar hasta donde estaba Martínez, fue Daniel o Ratoncito  como se le conocía en el pueblo.

Señora buenas tardes  como está, porqué está expuesta al comentario  malsano de la gente ahí, en como Dios la echó al mundo.

No Ratón me vestí así para ver si consigo un hombre que se fije en mí, necesito un novio, quiero casarme y tener hijos.  ¿Tú qué opinas ?.

Bueno yo  no digo nada, pero lo cierto es que yo desde  hace mucho tiempo que estoy enamorado de ti, pero como  eres  fregona y orgullosa  no te lo había dicho.

Ay Ratoncito, de verdad que tú estás por mí.

Claro  te lo juro.  Desde hace muchos años que no tengo ojos sino para ti. Todo lo que he trabajado lo que ahorrado esperando el día en que tuviera el valor  de declararte mi amor  y con la esperanza  de que me aceptaras.

Ay ratón que dicha no se diga más casémonos.

Muy bien casémonos entonces y que sea una boda grandiosa y con muchos invitados.

Se casaron y   fueron felices  hasta el día que Ratón se encontró  en medio de una balacera  entre la policía y un ladrón que había robado en una tienda en el barrio el  prado, y una bala perdida lo mató.

Desde  ese día la señora Martínez, espera sentada en la puerta de su casa y vestida de negro,  la carta que le notifique  la indemnización a que tiene derecho por haber perdido a su marido, quien fue   víctima  de la ola de violencia e inseguridad que vive el País.

  • Cuento finalista  en el primer concurso municipal intercolegiado, de cuento corto organizado por la Red del lenguaje, a través de la secretaría de educación de Sahagún.,

1 COMENTARIO

  1. Muy interesante.. felicitaciones Andrea, ese es el camino, sigue explorando el diccionario y verás que te hará más versátil.. Un gran abrazo.

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