LOS ‘CRISTOS’ DE GARCÍA MÁRQUEZ.

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Dos hombres de Sahagún (Córdoba) estudian la obra de Gabo.

En Macondo suelen suceder tantas cosas maravillosas que la ficción supera la realidad.
En Barranquilla, sede de la Cátedra Gabriel García Márquez organizada por el Parque Cultural del Caribe (termina este sábado), EL TIEMPO halló dos conferencistas con tantas similitudes que, de llegar a conocerlas, al Nobel le encantaría convertirlas en una maravillosa obra.

Ambos se llaman Cristo y nacieron en el mismo año, 1952. Son de Sahagún (Córdoba) y antes de viajar a Bogotá por sus compromisos culturales, los dos vivieron en la misma calle octava del pueblo, donde se conocieron.

Han pasado los años y los Cristos tienen mucho de que enorgullecerse. Figueroa es doctor en literatura, escritor, investigador y actualmente de desempeña como director del departamento de Literatura en la Pontificia Universidad Javeriana.

Por su parte, Hoyos es artista plástico y visual, curador e historiador. Ha mostrado sus obras a nivel nacional e internacional.
Los ‘Cristos’ visitaron juntos la Sala Gabriel García Márquez en el Museo del Caribe en Barranquilla y, en medio de los sonidos de las viejas máquinas de escribir allí expuestas, reflexionaron sobre una de sus pasiones: Gabo.

“Estas similitudes son magia que la realidad no supera. Gabo crea y exagera en el tiempo y en el espacio y, allí, estamos inmersos porque todos enriquecemos el mundo de Macondo”, comentó el artista plástico Hoyos.

Para el literato Figueroa, Gabriel García Márquez crea vínculos secretos y parentescos con nuestros perfiles y es esa la razón por la que cada costeño se siente parte de sus obras. “Gabo fortalece la realidad mancondiana con historias en las que nosotros somos sus protagonistas”, manifestó.

Hoyos analiza la obra de Gabo desde su perspectiva visual y destaca que este colombiano se hizo grande porque gracias a su genialidad, el universo cultural conoció Aracataca, Colombia y “lo más importante, nacimos y fuimos nombrados como referentes del Caribe”.

Figueroa le escucha atentamente y asegura que “el Nobel es un reconocimiento a un imaginario, a un modo de ser, de sentir que estaba olvidado. El Gabo Latinoamericano que nos hizo parte de la historia mundial”.

Ambos tuvieron desde adolescentes su primer contacto con la obra Garciamarquiana. Figueroa degustó Cien años de soledad, mientras que Hoyos hizo lo tanto con La Hojarasca.

“Este libro tuvo un impacto fuerte en mi vida. Sentí que mi manera de ser y sentir estaba encerrada en ese texto. No podía creer lo fascinante de su lectura, tanto que yo mismo me pensaba como un personaje de Cien años de soledad”, comentó Figueroa.

Hoyos se declaró un lector común y corriente porque su obsesión en la obra de Gabo es, sin duda, el imaginario que de ella se desprende. “Reconozco que no disfruté tanto con las maravillas de los textos de Gabo pero destaco mi fascinación por la imagen y el mundo que él hacia que yo imaginara”.

Finalmente, para Figueroa y Hoyos, dos hombres cultos que se sienten parte del enorme imaginario de Gabo, las nuevas generaciones están llamadas a seguir la prosa del Nobel, seguro que la tecnología y el Internet debe cumplir el papel de recuperar la memoria del escritor.

“La memoria hay que recuperarla y sobrevivirla a tanto producción que le hace daño al espíritu de los nuevos lectores”, destacaron.

LEONARDO RÚA DE LA HOZ

Corresponsal El TIEMPO

BARRANQUILLA

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