FESTIVAL NACIONAL DE CULTURA: UNA HISTORIA DE MÁS DE CUATRO DÉCADAS.

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El origen de las semanas culturales de Sahagún, hoy Festival Nacional de Cultura, está íntimamente ligado al desarrollo de la actividad teatral estudiantil y de otras expresiones

Los Inicios:

El teatro, la chispa que hizo arder la cultura.

El origen de las semanas culturales de Sahagún, hoy Festival Nacional de Cultura, está íntimamente ligado al desarrollo de la actividad teatral estudiantil y de otras expresiones, como la declamación y la música, que tomaron un auge singular a mediados de los años sesenta, particularmente, en el Colegio Andrés Rodríguez B.

De esta modo, la actividad teatral logra entre la comunidad educativa una popularidad tan rápida y en ascenso que no tarda en surgir la idea de proyectarlo por fuera de los claustros educativos; siendo así que el teatro logra llegar a la plaza pública, estableciendo un contacto directo con el pueblo.

Pero, sin duda, la pieza teatral estudiantil que más recuerda la gente de aquella época es “Un domingo después de misa”, creación colectiva estudiantil surgida en 1967 y que recrea diversos momentos de la cotidianidad sahagunense del momento; la pieza resulta de tanto interés que Víctor Maussa Galván, un abogado oriundo de San Pelayo, decide elaborar el libreto y asumir la dirección de la misma. A partir de entonces este montaje llega a recrearse cada domingo después de la misa de la mañana en el Atrio de la Iglesia (que para entonces se llamaba Plazoleta del monumento a la bandera); sosteniendo siempre la atención del público en virtud a su carga cómica y a que la capacidad creativa del elenco alcanzaba para ofrecer un pasaje nuevo y divertido cada domingo.

Maussa Galván se desempeñaba como Juez del Circuito Municipal de Sahagún y Lorenzo Quiroz Medina lo recomienda ante el rector Manuel Esteban Figueroa Rada, para que le asigne algunas horas de Español, dado su amplio dominio en gramática y literatura, además, de que era un conocedor y apasionado del teatro.

Entre el elenco de actores de “Cualquier domingo después de misa” se encontrará a un muchacho a quienes los seguidores del teatro en el municipio recordarán en lo sucesivo como una de las más destacadas promesas de la actuación y el primer joven sahagunense que logra sorprender y cautivar al público con sus dotes histriónicas, el mismo, que logró sorprender con su repertorio de personajes al director Jorge Ali Triana en su visita a Sahagún con Fanny Mikey y el TPB en 1971: Abelardo Bula Ruiz, fallecido el 23 de marzo de 2001 y a cuya memoria la Corporación Cultural de Sahagún, dedicara la semana cultural de ese año.

Vale destacar que en aquel momento, Sahagún era un pueblo de unos veinte mil habitantes y tenía en el cine su única opción de entretenimiento sano y familiar, al punto que llegó a sumar tres salas, el Teatro Sahagún, reabierto para esta época por el señor Álvaro Millán, el Teatro Colombia, que en 1962 presentó a la cantante mexicana Libertad Lamarque, y el Teatro Gloria, que en 1965 fue escenario de la pareja de artistas mexicanos Antonio Aguilar y Flor Silvestre. El teatro llegó entonces a ampliar y diversificar la oferta del entretenimiento, sin que se pueda decir que entró a competir con el cine; por el contrario, lo complementó, pues para muchos el teatro resultó una forma avanzada de aquel, ya que permitía ver a los actores en tiempo real y de cuerpo presente y sin los cortes de cinta que nunca faltaban en las modestas salas del pueblo, a cielo abierto y con sillas de cinc o bancas con rejillas de madera.

Esta referida presencia del teatro en los espacios públicos marca otro hito en la historia del movimiento cultural del Municipio, pues aquellos espectáculos abiertos dieron como origen la realización de jornadas culturales al interior del colegio Andrés Rodríguez B., hasta que luego, en 1969, por iniciativa de la sociedad civil, se da inicio a un certamen que terminará por fijar el derrotero y el posicionamiento del teatro en el componente sociocultural de la comunidad: El Festival de Teatro y Danzas.

Los Festivales de Teatro y Danzas

Conocedores del trasegar cultural de Sahagún coinciden en que las muestras abiertas de espectáculos teatrales entre 1967 y 1968 en el atrio de la Iglesia, constituyen el germen del Festival de Teatro y Danzas, cuya primera edición se verificó del 31 de agosto al 7 de septiembre de 1969. La década del setenta proyectará este certamen a nivel regional y nacional, otorgándonos el titulo de Capital Cultural de Córdoba.

Son diversos los elementos que coinciden para que en aquel momento de la historia Sahagún iniciara la senda de un certamen cultural que con altibajos se ha mantenido por espacio de cuarenta y dos años, con solo algunos contados recesos.

En primera medida, para entonces Sahagún era uno de los epicentros educativos de la región: contaba con cuatro planteles de bachillerato, incluidas dos escuelas normales (todo un lujo si se consideran los niveles de desarrollo de la región en la época). Estas normales, el Centro Comercial Moderno y el colegio Andrés Rodríguez B., promovían sus primeros bachilleres pedagógicos, comerciales y académicos, respectivamente, muchos de los cuales emigraban a capitales como Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cartagena, convirtiéndose en vehículos de comunicación entre la ciudad y el pueblo natal, con el que no perdían contacto y al que regresaban en cada período de vacaciones. Más importante aún resultó el ya citado arribo de licenciados a estos mismos planteles educativos, quienes llegaron para compartir con sus estudiantes y colegas toda la experiencia y el bagaje que, en cuanto a educación y cultura, habían asimilado en sus centros de formación o en anteriores lugares de trabajo. Un tercer factor importante lo fue el retorno de jóvenes profesionales que llegaban a ejercer sus carreras en el solar nativo; hijos de familias prestantes que habían tenido la facilidad de hacerse bachilleres y luego profesionales en ciudades como Medellín y Cartagena.

Otro aspecto que también contribuyó a este surgimiento cultural fue la tradición política del pueblo, con varios paisanos en altos cargos de los distintos niveles del Gobierno, pero, sobretodo, porque quienes ostentaban o tenían influencia política, hacían uso de esta providencia fundamentados en un espíritu cívico, altruista y de progreso.

Es evidente que el Festival de Teatro y Danzas adquirió en poco tiempo la categoría de fiesta pública dentro del imaginario popular colectivo, tanto para la clase social distinguida como para la gente del común, ayudando de esta manera a construir referentes de identidad y pertenencia.

Hoy cuando celebramos la cuadragésima versión de nuestra fiesta insigne queremos rendir un sincero reconocimiento a aquellas personalidades que gestaron las primeras semanas culturales o Festival de Teatro y Danzas, la mayoría de los cuales ya no están con nosotros:

Jorge Dumar Otero, abogado, presidente de la junta organizadora en 1969 e impulsor y mecenas de este certamen por espacio de treinta años.

Manuel Esteban Figueroa Rada, médico, coordinador en 1969.

Diego de la Ossa Lyons, presidente ejecutivo en 1969 y 1970 y vicepresidente en 1971 y 1973.

Carlos Miguel Buelvas Aldana, médico, presidente en 1971, 1973 y 1974.

Luis González, tesorero en varias oportunidades.

Dimas Angulo Donado, fiscal en una ocasión y vocal en otras dos.

Pascual Hoyos, fiscal en 1969.

Manuel Antonio Barbosa García, docente, secretario en 1971, 1973 y 1974.

Dolores Aldana de Plaza, tesorera en 1969.

Javier Hernández Lemus, fiscal en una ocasión.

Carmen Lyons Otero y Ligia de Oviedo, vocales en varias oportunidades.

Estas personas asumieron en su integridad la carga organizacional y la gestión financiera que para aquel entonces implicaba la realización de un certamen de esta naturaleza, de allí que los festivales de teatro y danzas de 1969, 1970, 71, 73 y 74 estuvieran en manos de juntas cívicas que promovían todo tipo de actividades para asegurar los recursos necesarios.

Pere también estaba el respaldo logístico y entusiasta del estudiantado rodriguísta, cuyo fervor inextinguible resultó cada vez de capital importancia para el éxito del certamen; jóvenes como Luis Álvarez Bracamonte, Aniano Álvarez y Oswaldo Guerra Brún, comandados por el espíritu infatigable y bracero del profesor Amadeo Narváez López, lograron ganar con méritos sus propios espacios al interior de la organización.

El Festival de teatro y danzas tuvo como escenarios la plazoleta del monumento a la bandera (actual atrio de la iglesia central) donde se realizaban los actos protocolarios o de apertura y los espectáculos populares y el recinto del Teatro Gloria, de propiedad de la educadora y mujer de empresas, Gloria Pacheco, ubicado en la calle 15, contiguo al Mercado Viejo, donde se realizaban las conferencias y funciones de gala; este tipo de actos tuvieron como maestros de ceremonia al ilustre educador Antonio Córdoba Reyes, de voz tenor, discurso florido y una vasta cultura general, y al abogado Aquiles Colón García, de palabra elocuente y garbosa presencia escénica. El público era muy diverso, desde niños, pasando por estudiantes, profesionales, personalidades y hasta gente del común.

Los invitados

El Teatro Popular de Bogotá, TPB, con Fanny Mikey, Antonio Corrales, Waldo Urrego, Víctor Hugo Morant, Carlos Barbosa y su director Jorge Alí Triana, se convierte en la chispa que hace crecer definitivamente la llama del teatro que ya se asomaba libre y segura entre los estudiantes, al convertirse en la primera agrupación teatral de gran factura que visita la ciudad. Se presenta por primera vez en 1970, en el Teatro Gloria, con la obra “El Tartufo” de Molière y, como dato curioso, no llega para el festival de teatro, sino en el marco de una de sus acostumbradas giras nacionales de la época, y vuelve en 1971 para el III Festival de Teatro y Danzas, presentando la pieza “Las Sillas” de Eugene Ionesco.

La Universidad Externado de Colombia de Bogotá asiste en 1970 con la obra “La gran imprecación frente a los muros de la ciudad”, dirigida por Carlos José Reyes; entre el elenco de actores se encontraba Raúl Gómez Jattin, que lejos de su ulterior vida de poeta, atravesaba uno de sus mejores momentos como actor.

El Teatro Estudio de la Universidad Nacional de Bogotá se presenta en 1971 con su versión de “Los Funerales de la Mamá Grande”, bajo la dirección de Carlos Duplat; este mismo colectivo reaparecerá en 1973 con la puesta en escena de “Siendo Herodes Rey de Judea”, trabajo colectivo, dirigido por el mismo Duplat.

Las literatura nacional estuvo representada con la presencia de Manuel Zapata Olivilla, David Sánchez Juliao y Guillermo Valencia Salgado, y el folclor musical y coreográfico del Caribe colombiano contó con dignos exponentes como Delia Zapata Olivella, Carlos Franco y su Cumbia Soledeña y las Farotas de Talaigua Nuevo; Alejo Durán, Calixto Ochoa, Adolfo Pacheco, Aníbal Velázquez, Pablo Flórez, Leandro Díaz, Luci González, Totó la Momposina, y Toño Fernández con sus Gaiteros de San Jacinto.

Puede afirmarse sin temor que mucho antes que se hablara de Colombia como una Nación pluriétnica y multicultural, ya Sahagún era escenario dinámico de ese país diverso que terminó por reconocer la Constitución Política de 1991. El espacio que hizo posible la convergencia de toda una amplia gama de manifestaciones culturales y artísticas, matizadas con el encanto y la magia de lo triétnico, lo terrígeno y lo universal, no pudo ser otro que la Semana Cultural de Sahagún; este gran proyecto de interés colectivo que perdurará a punta del esfuerzo y de los sueños de muchos hijos ilustres de esta tierra, la mayoría de los cuales aún permanecen en el anonimato  debido a la falta, precisamente, de una literatura sobre la memoria cultural de la ciudad que le reconozca a cada quien el sitial que le corresponde.

Estamos en el cuadragésimo primer Festival Nacional de Cultura… nuestra fiesta insigne.

 

Textos tomados del libro inédito “Historia del teatro en Sahagún” de Elber Julio Cruz, adaptados para este evento por el propio autor.   

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