Daniel Vergara Méndez, el juglar que cuatro décadas después de su trágica muerte vive en el recuerdo de los Sahagunenses

0

Sahagún: El pasado 5 de septiembre se conmemoraron los 41 años de la muerte trágica del juglar Daniel Vergara Méndez, y al igual que el día que lo mataron, las primeras gotas de lluvia lastimaron la soledad del mausoleo de la familia en el cementerio central de la Ciudad, donde uno que otro amigo de la familia llegó a rezarle un rosario.

Tumba del juglar Daniel Vergara Méndez.

Cuatro décadas después de la tragedia, el gremio artístico de la ciudad recordó la fecha luctuosa en que murió el que hasta entonces, se vislumbraba como el acordeonero capaz de proyectar la música de acordeón desde esta Ciudad, y emular con ello las gestas de los juglares vallenatos.

El día en que lo asesinaron, venía de compartir con su hermano Joche, una faena de pesca, y como de costumbre salió a visitar a su novia en el sector del San Roque, pero con la diferencia de que esa noche fatídica amenizaría la que sería su última parranda con un grupo de amigos.

Doña Petrona, su madre, muchos años después había de recordarlo buscando en el baúl, su mejor camisa, con la sonrisa que produce la felicidad del enamorado recién aceptado dibujada en sus labios. Fue la última vez que lo vio con vida, porque horas más tarde la muerte acabaría con sus ilusiones y su delirio de ser un músico importante.

Daniel, nació en Sahagún el 22 de diciembre del año de 1.958, del hogar formado por José de la Rosa Vergara y Doña Petrona Méndez, dejó 11 hermanos.

Juglar Daniel Vergara Méndez
Juglar Daniel Vergara Méndez

Fue Daniel Vergara Méndez, una persona que desde niño mostró inclinación por las actividades artísticas y se inició en la música con los amigos del barrio, quienes lo acompañaban en la percusión con latas y botellas, cuando él, a una peinilla envuelta en papel plateado de cigarrillo le sacaba las melodías del momento, las cuales entonaba en las esquinas del barrio; mientras su trabajo de vendedor de fritos se lo permitía.

No tardó en aprender a tocar a la perfección la violina, instrumento que le permitió conocer las notas y registros musicales, que más tarde le sirvieron en su vida de acordeonero.

Su perseverancia en las lides artísticas lo volvió famoso y no tardó en convertirse en un eximio intérprete de la violina, lo que le permitió ingresar a un grupo de teatro de la Ciudad y con ello ganarse la entrada a la Escuela Anexa de la Normal Superior, donde soñaba con ser Normalista.

Los estudios los combina con el arte, haciendo gala de disciplina y perseverancia, llegando a conformar uno de los grupos de música de acordeón más estables de la sabana, “los Originales”, grupo del cual fue gestor Jorge Luís Pérez Martínez, “Pepe Folclor”.

El locutor ceretano Edwin Tuirán, le conoció y le invitó a hacer parte de un programa en la televisión de la época a nivel nacional, hecho que fue todo un acontecimiento para los sahagunenses que ese día desde bien temprano llegaron a las casa de las pocas familias que tenían televisor en la ciudad, para no perderse su presentación.

En la capital de la república por esa época, se encontraba otro sahagunense adelantando estudios universitarios, Edgar Cortés Uparela, quien aprovechando sus relaciones con amigos de la fría Bogotá logró que grabara su primer trabajo musical, en un disco promocional de una razón social muy conocida, ese evento lo catapultó a la fama.

Allí fueron éxito la cumbia fatalidad, cantor Sabanero y San Isidro labrador entre otros, eso le mereció ganar fama y prestigio en la región sabanera y ser referente para que otros jóvenes de la época como el hoy Rey Vallenato Fredy Sierra y Pedro Elías, se iniciaran en este difícil campo del arte.

Aunque su paso por este mundo terreno fue efímero, nos dejó un legado musical que al sol de hoy es desconocido por la juventud, que se niega a conocer las raíces de su gente y el folclor, lo que ha sido apoyado por algunas administraciones que han querido politizar el festival que en su honor fundara el cantautor Remberto Martínez para conmemorar la fecha de su muerte.

Cuarenta años después de su muerte, Daniel Vergara Méndez, sigue metido en el corazón de quienes de una u otra forma, quieren mantener vigente el prestigio cultural y musical que connota la grandeza del acordeonero que en la Ciudad, tuvo el honor de ser el primer muerto grande, a quien lloró un pueblo que por su cuenta, quiso vengar su muerte.

No hay comentarios

Dejar una respuesta