LA NIÑA ISABELITA MIRANDA

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Doña Zuni mirando partituras

Las figuras representativas de la comunidad sahagunense de antaño se han ido diluyendo en la memoria colectiva y en los recuerdos frágiles de los abuelos, porque ha declinado el sentido de pertenencia a la tierra que nos parió -no tenemos historia-, y porque a medida que se nos escurre la identidad que ellos representaban y nos legaron, hemos ido perdiendo el orgullo de lo nuestro.

Leí recientemente algún texto donde un coterráneo se duele de que ya no celebremos los triunfos de nuestros deportistas sino los de otras latitudes, con desfile incluido. Algún otro comenta que ya las carreras de caballos de San Pedro y San Pablo, en las cuales nuestra gente del campo mostraba sus habilidades en el ejercicio de la equitación al son de un porro tocado por una banda de la región, se convirtió en una cabalgata de apariencia traqueta, donde se exhiben finos ejemplares al compás de músicas, sombreros y ponchos extraños. Al respecto, también una empresaria sahagunense manifiesta que su hijo, médico de una universidad de Medellín, canta los himnos de Medellín y de Antioquia cuando suenan en el canal antioqueño; el joven profesional dice que esos son los únicos himnos que le enseñaron en su vida académica. Algo tienen que ver nuestras instituciones educativas con el tema.
Pese a todo, algunos acariciamos la idea de un Sahagún tolerante, pujante y progresista, pero afincado en los valores de nuestros abuelos.
La reflexión anterior porque se quiere exaltar la memoria de la niña Isabelita Miranda, destacada artista sahagunense del siglo pasado y no se encuentra ningún registro histórico sobre su vida. Y pensar que uno halla los versos de León de Greiff en muchos sitios de Medellín… y ninguna basura en sus calles.
Se me ocurrió que podría ser útil divulgar algunos datos biográficos que narró la niña Isabelita en una entrevista grabada en su casa en el año 1990, hace 21 años. Consideré también conveniente complementar la información de la entrevista con los recuerdos de doña Zunilda Caldera, quien frisa los 93 años, prima hermana de nuestro personaje. Creo que fue un acierto consultar a doña Zunilda porque conserva su mente lúcida y una actitud de bondad y alegría que sólo alcanzan las personas que han logrado estar en paz consigo mismas.
Solicité a doña Zunilda una foto de la niña Isabelita para ilustrar el presente escrito y me remitió a un artículo de prensa que tiene enmarcado y que luce orgullosa en la sala de su casa: una crónica sobre ella que publicó El Universal de Cartagena el domingo 16 de febrero de 1992, hace 19 años. El escrito en mención es obra del poeta, escritor y periodista sahagunense Gustavo Tatis Guerra, uno de sus ex alumnos predilectos.
Como dije, el artículo está enmarcado y, en un espacio donde hay pautas publicitarias, doña Zunilda pegó una foto tamaño postal de la niña Isabelita, de manera que para hacer una copia de la foto tocó hacer desarmar y armar de nuevo el marco.
Para satisfacción de doña Zunilda, el marco quedó colocado nuevamente en su digno puesto y con su apariencia original.
La historia empieza cuando don Manuel de Jesús Miranda, procedente de Mompós, llega a establecerse en Sahagún, a finales del siglo diecinueve. Tenía estudios musicales, de modo que inició la pedagogía de la música con miras a fundar la primera banda musical del municipio.
Se conocía a don Manuel con el seudónimo de “Jeraldo”, con el cual firmaba sus arreglos y composiciones musicales. Fue tan conocido dicho apodo que a un sobrino suyo llamado “el chino” Miranda le decían “el chino” Jeraldo.
Se casó don Manuel con la dama sahagunense Brígida Caldera Betancur, hermana de Gilberto, padre de doña Zunilda.
El 26 de abril de 1900 nació la única hija de su matrimonio: Isabel María Miranda Caldera.
En el primer decenio del siglo veinte empezaron a dar frutos las enseñanzas musicales de don Manuel: ya había organizado su propia banda, la cual interpretaba pasillos, valses, mazurcas y polcas, entre otros ritmos. No se conocía el porro.
Cabe anotar que, según información de la niña Isabelita, don Pedro Caldera Flórez, autor de la melodía del himno de Sahagún, no aprendió música con don Manuel, sino por cuenta propia.
La niña Isabelita conoció de partituras con su padre, y aprendió a tocar varios instrumentos musicales -incluyendo el bombo y los platillos-, menos el clarinete, porque nunca le gustó este instrumento, según cuenta ella.
No fue posible determinar quién fue la maestra de la niña Isabelita, pero tuvo una preparación académica que le permitió fundar una escuelita de banquitos –como las llama Gustavo Tatis— y enseñar las primeras letras a muchos vástagos de familias sahagunenses.
La niña Isabelita compuso el vals Ilusión, el cual fue montado en la banda por su padre e interpretado por ella con el violín en ocasiones especiales.
Era artista invitada para tocar como solista en todos los actos solemnes del municipio. Su instrumento de cabecera era el violín, el cual era exótico en nuestro medio. No existía nadie en el pueblo que tuviera y menos que ejecutara un violín, por lo cual la gente la llamaba “la señora del violín”.
La instrumentación musical que tenía la niña Isabelita procedía de Europa, debido a que su pretendiente y posterior esposo, don Domingo Flórez Gracia, se la traía al regreso de sus viajes al viejo continente.
Frecuentemente se reunía con don Eladio Uparela Hoyos para hacer veladas musicales: don Eladio interpretaba el tiple y ella la guitarra.
Como nota jocosa, la niña Isabelita decía que ya no existía la música, porque había muerto con la aparición del mambo. También comentaba que el primer porro que había escuchado había sido compuesto por su papá, y que se llamaba así: El porro.
Don Manuel de Jesús Miranda –“Jeraldo”-, se retiró de la música al cabo de la vejez y murió el 25 de marzo de 1939.
La niña Isabelita se casó a la edad de 48 años -nueve años después de la muerte de su padre-, con el amor de su vida: don Domingo Flórez Gracia. Don Domingo y la niña Isabelita mantuvieron un noviazgo contrariado de más de veinte años, el cual sólo cristalizó en matrimonio después de la muerte de los padres de don Domingo, quienes se oponían a esta relación porque consideraban que “la negrita de la guitarra”, como llamaba la madre de don Domingo a la niña Isabelita, no estaba a la altura de su linaje.
No tuvo descendencia la niña Isabelita, enviudó, y el 11 de mayo de 1992, murió.
Como había nacido con el siglo, contaba 92 años al momento de su muerte.
Hasta la presente, no ha habido dama sahagunense que haya alcanzado las alturas musicales de doña Isabel María Miranda Caldera –la niña Isabelita Miranda.

AUTOR:  Édgar Cortés Uparela.

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