Veinte años sin la inolvidable Juana Evangelista Vega

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Por: Horacio Garnica Díaz.
horagardiaz@hotmail.com

Fue un lunes 5 de mayo de 1997, en la “Ciudad Cultural de Córdoba” Sahagún; era una mañana gris según lo recuerdan sus compañeros y amigos de necedades políticas, Fernando López Solar y Juan José Caldera Villadiego. Por lo acontecido esa infeliz mañana, se puede inferir que también fue una mañana plomiza y triste.

Antes de las 6 de la mañana como era la costumbre de lunes a viernes, Juana Evangelista Vega, se despedía de besos con su abuela y madre de crianza Leonidas Vega; el día antes mencionado, le estampó un beso, sin imaginarse ni sospechar que era el último de una despedida postrera de su querida madre y de la vida. Leónidas Vega por su parte jamás presintió que alguien fuera capaz de atentar contra la vida de su adorada Juanita, persona revestida de bondad derramada .

La “seño Juana salió de su casa rumbo a la orilla de la carretera troncal, a esperar una de las camionetas “Ranger” habilitadas para transportar pasajeros, las mismas que en otros tiempos eran los carros lujosos de los “mafiosos marimberos” en los tiempos de la “bonanza de la marimba”.

Ahí se encontró como era usual, con otros maestros y maestras que viajarían hacia distintas escuelas rurales; ella iba rumbo al corregimiento de Colomboy perteneciente al municipio de Sahagun; mientras hablaban de lo que hablan los maestros cuando se encuentran, un sicario al amparo de la sorpresa y de una sistemática acción criminal paramilitar contra el gremio de educadores, asesina a la desprevenida e indefensa Juana Vega, constituyéndose en el crimen número 61 de esa época contra los maestros en el departamento de Córdoba. Juanita se desplomó abrazando sus libros de biología, convertidos en libros de sangre de una historia magisterial macabra.

El alevoso crimen de Juana Vega, además del impacto que causó, indujo a una pregunta en virtud de las potenciales sentencias de muerte que se comentaban cotidianamente en ese momento, al estilo de una crónica fúnebre anunciada: -y quién será la próxima víctima?; antes de la “seño Juana ” fueron 61 y después de ella 62. Todo este sistemático genocidio, ha sido revestido de toda una presunta impunidad institucional descarada, so pretexto de : ” no matamos maestros, sino guerrilleros vestidos de maestros”, como lo afirmó en alguna oportunidad Salvatore Mancuso, quien también agregó que en esta cruzada criminal

“se habían equivocado mucho por falsas informaciones recibidas”.

Esa expresión de Mancuso se parece mucho a la expresada por un presidente de Colombia en su momento, cuando se refería ” a los guerrilleros vestidos de civil”.

Juana Evangelista Vega, fue una singular educadora que no pasó inadvertida por la vida, militó en el Frente Popular y fue su concejal en Sahagun donde se distinguió por la presentación de importantes proyectos de acuerdo en bien de los habitantes del municipio, por eso su crimen fue repudiado y muy sentido; fue una reconocida dirigente sindical, social y política, siempre erguida en la defensa de los derechos, especialmente de los más débiles y necesitados.

Al cumplirse el viernes 5 de mayo de la presente anualidad, 20 años sin Juana Evangelista Vega, tenemos que decirle que permanece en nuestras memorias “indemne ante los soplos del tiempo” su gallarda figura, de buena persona, buena hija, buena maestra, buena ciudadana y buena compañera de una sola y consecuente línea política, sin ambigüedades; no te olvidamos Juanita, sigues viva en el aposento de nuestros recuerdos. Algún día “nuestros rugidos conmoverán al mundo”, y tu crimen y otros crímenes no cesan de reclamar justicia que es una palabra que en este, como en otros casos, es “letra muerta”.

Honremos la memoria inmarcesible de Juana Evangelista Vega, no dejemos que muera por falta de no recordarla, por eso es merecedora de un homenaje póstumo especial al cumplirse veinte años de su muerte.

Montería La Perla del Sinu, mayo 4 de 2017.

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